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Reportaje

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Sinopsis B·Debate - Microbioma: de último órgano a nueva frontera

En cada ser humano habitan unos 100 billones de bacterias, de unos 10.000 tipos diferentes, que suman una media de 2 kilogramos de peso. Y si en el pasado se soñaba con vivir libres de microorganismos, hoy se sabe lo equivocada que era tal aspiración.

01.08.2015

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Las bacterias con las que convivimos son fundamentales en procesos como la digestión o la educación del sistema inmunitario. Pero su papel va mucho más allá, ya que variaciones o alteraciones en su composición se han asociado con enfermedades de todo tipo: con la obesidad y la diabetes, con alergias, con ciertos tipos de cáncer. Estudios recientes sugieren que también se podrían asociar con la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) o incluso con trastornos del comportamiento como el autismo. Es por eso que al microbioma, el conjunto de microorganismos que pueblan el ser humano —y del que más del 90% son bacterias—, se le conoce ya como el último órgano. Conocer en profundidad las poblaciones bacterianas y su influencia en la salud podría permitir diagnosticar o incluso tratar algunos de estos procesos.

Algunos de los mejores expertos internacionales en el microbioma expusieron y comentaron los últimos trabajos sobre este ámbito en B·Debate, una iniciativa de Biocat y de la Obra Social “la Caixa” para promover el debate científico.

Las principales conclusiones del debate son:

  • En términos de microbioma, es mejor ser rico: una mayor diversidad bacteriana suele corresponder con una mejor salud general.
  • Según la hipótesis de la higiene, el aumento de la asepsia en los países desarrollados ha reducido la diversidad de microorganismos beneficiosos contribuyendo al aumento de alergias, obesidad o diabetes.
  • Determinadas bacterias se han asociado con diversos tipos de cáncer, como los de colon o páncreas. En el caso del sida, el daño intestinal provocado por el virus provoca el paso de bacterias a la sangre y un envejecimiento celular acelerado.  
  • El microbioma intestinal puede influir incluso en el comportamiento, y se ha asociado con casos de autismo. Se están investigando el uso de prebióticos, probióticos o incluso trasplantes fecales para el tratamiento de esta y otras patologías.

 

De un mundo sin bacterias al ‘boom microbioma’

Hace tiempo que sabíamos de los microorganismos, pero hasta hace no mucho eran una contaminación. El sueño era vivir sin bacterias”, recuerda Francisco Guarner, jefe de sección en el Hospital Universitario Vall d´Hebron y uno de los líderes científicos del B·Debate. Pero cuando se consiguieron desarrollar ratones sin gérmenes, resultó que “no crecían, tenían múltiples alergias y morían con sorprendente facilidad”: los microorganismos eran indispensables para una vida normal.

Desde la Segunda Guerra Mundial han aumentado los casos de enfermedades crónicas no transmisibles como el cáncer, el autismo o las alergias. Esto no ha sucedido en países subdesarrollados. Una posible explicación sería la llamada hipótesis de la higiene: el uso de antibióticos, el aumento de partos con cesárea, la disminución de la lactancia materna y, en general, la mayor asepsia en los países ricos ha limitado nuestro contacto con ciertos microorganismos necesarios para educar a nuestras defensas. Por ello, según Guarner, “el sistema inmunitario se equivoca más, y alteraciones en el microbioma tradicional puedan estar en el origen de este incremento de enfermedades”.

Pero, ¿por qué este relativamente súbito interés por el microbioma? Por el desarrollo de la tecnología. “Las nuevas técnicas de secuenciación del ADN han permitido interesarse y estudiar nuestro otro genoma, el de todos estos microorganismos”, asegura M. Luz Calle, directora del grupo de Bioinformática y Estadística Médica en la Universidad de Vic - Universitat Central de Catalunya. Estas tecnologías son capaces no solo de identificar los tipos de microorganismos, sino también los genes que contienen.

En general, tenemos una media de 600.000 genes microbianos solamente en nuestro intestino, y como afirma Dusko Ehrlich, director emérito en el Institut National de la Recherche Agronomique de Francia, “también en términos de microbioma es mejor ser rico que pobre”. A menor diversidad, mayor tendencia al acúmulo de grasa, al desarrollo de diabetes y, en general, a una peor percepción de salud. 

Buena parte de los estudios del microbioma se realizan en heces, ya que el intestino aloja más del 90% de los microorganismos con los que convivimos. En 2011, uno de estos estudios fue capaz de dividir la población en tres grupos diferentes según la composición de bacterias en sus heces.

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“Hay algunos tipo de cáncer que tienden a darse más a nivel familiar, pero que no parecen depender de la genética”, afirma Núria Malats, investigadora principal en el grupo de Genética y Epidemiología Molecular, en el CNIO. El microbioma podría estar detrás de algunos de esos casos, como el del cáncer de colon.

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Una persona con un microbioma poco variado puede mejorar su riqueza a partir de la dieta. Una alimentación rica en frutas, verduras y alimentos integrales, con fibras de diversos orígenes, parece la opción más saludable, también para nuestras bacterias.

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