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Nota de prensa

¿Qué nos hace humanos?

Humanos y chimpancés compartimos un 99% del genoma, lo que supone 30 millones de diferencias genéticas. Entre dos seres humanos hay 3 millones de diferencias

La adaptación a grandes altitudes y la resistencia a enfermedades como la malaria se deben a adaptaciones genéticas que definen nuestra singularidad como especie

Las poblaciones inuit del Ártico están adaptadas a una alimentación alta en grasas porque el pescado está muy presente en su dieta, muy rica en omega-3

Científicos de todo el mundo se reúnen los 17 y 18 de julio en el Palau Macaya para discutir qué nos hace humanos convocados por B·Debate, iniciativa de Biocat y la Obra Social “la Caixa”

17.07.2017

 

Barcelona, 13 de julio 2017– ¿Qué es lo que nos hace propiamente humanos? Este es el punto de partida de una nueva edición de B·Debate, una iniciativa de Biocat y la Obra Social “la Caixa”. Los 17 y 18 de julio científicos internacionales se reunirán en el Palau Macaya para intentar entender las bases genéticas de nuestra singularidad como seres humanos y la diferencia entre grupos de poblaciones.

Hay características propias de la especie humana. Algunas de estas son el lenguaje, las capacidades cognitivas y el hecho de caminar erguidos. Pero, ¿cuáles son las claves biológicas que se esconden detrás de estos rasgos propios de los seres humanos? Todos estos elementos distintivos de nuestra especie se deben a unos genes que han sido potenciados por selección natural durante miles de años.

Por ejemplo, los humanos y los chimpancés compartimos un 99% de la parte del genoma directamente comparable o que se pueda alinear. Aunque un 1% pueda parecer poco, este porcentaje se traduce en un mínimo de 30 millones de diferencias genéticas entre especies, y eso implica un campo muy amplio de estudio científico. Hasta entre un humano y otro hay 3 millones de diferencias de base genética.

 

Las alteraciones genéticas que nos hacen humanos

Los humanos modernos aparecieron hace unos 200.000 años en África, desde donde se diseminaron hace 100.000 años en diferentes zonas de todo el planeta, desde regiones tropicales hasta lugares con mucha altitud a los que se han adaptado durante miles de años. Los científicos han descrito diversas adaptaciones evolutivas que nos definen como especie.

¿Por qué hay poblaciones que a pesar de vivir en regiones situadas en grandes altitudes sobreviven con menos oxigeno? La explicación se encuentra en una colección de variantes genéticas propias de estos individuos, que les hacen estar mejor adaptados a la falta de oxígeno. Los científicos han  descrito estos caracteres en poblaciones del Himalaya, Etiopía y los Andes. En las dos primeras regiones son variantes diferentes en el mismo gen, y en el caso de la cordillera andina el gen que regula esta adaptación es otro diferente.

Los científicos también son capaces de inferir a través del material genético de poblaciones actuales los genes de resistencia que como humanos hemos desarrollado para determinadas enfermedades, sobre todo las infecciosas. Muchas personas llevan escrito en sus genes la supervivencia a episodios de la humanidad como la peste negra que asoló Europa durante la Edad Media. O la malaria, hasta hace pocas décadas presente en nuestro país. Hasta ahora los investigadores han identificado unas 8 mutaciones en genes diferentes que nos ayudan a vencer la malaria. Pero no todo es blanco o negro porque la misma alteración que ofrece resistencia contra una enfermedad infecciosa puede suponer otras desventajas para la salud. Es decir, la misma alteración que nos da resistencia contra la malaria también nos hace más susceptibles de desarrollar una anemia.

Otro caso que encontramos en las poblaciones inuit del Canadá, Alaska y Groenlandia, que se han adaptado a los ambientes fríos y oscuros del entorno del Ártico. En esta región del planeta, los investigadores han encontrado que los individuos están adaptados a una alimentación alta en grasas porque el pescado está muy presente en su dieta, muy rica en omega-3.

La selva tropical es uno de los ambientes más duros donde vivir por las altas temperaturas y humedad, así como la abundancia de parásitos y otros patógenos. Las poblaciones que viven en estas zonas acostumbran a tener una esperanza de vida corta, una característica que influye de forma directa en su éxito reproductivo, la cual se ha sugerido que podría haber favorecido un desarrollo sexual más rápido en las poblaciones pigmeas para reproducirse –y consecuentemente para de crecer– antes.

Pero estas no son las únicas alteraciones adaptativas. Los seres humanos somos los únicos  mamíferos que seguimos alimentándonos con leche animal durante la vida adulta porque somos capaces de romper las moléculas de lactosa y aprovechar los nutrientes, sobre todo las grasas. Este rasgo surgió hace 5.000 años y se preservó porque supuso una ventaja selectiva muy grande, como por ejemplo en situaciones de falta de alimentos.

Los siguientes científicos están disponibles para atender a los medios, previa petición:

  • Jaume Bertranpetit. Colíder de B·Debate. Catedrático de biología evolutiva. Impulsor del Instituto de Biología Evolutiva (IBE) de la Universidad Pompeu Fabra (UPF). Uno de sus trabajos más recientes es sobre los pigmeos de una isla del Índico. Fue director de ICREA.
  • Elena Bosch. Colíder de B·Debate, también fue una de las impulsoras del IBE. Su investigación se ha centrado en la diversidad genética humana, teniendo en cuenta las adaptaciones, predisposiciones a enfermedades, y las interacciones de la dieta y nutrientes.
  • Luis Quintana-Murci. Investigador mallorquín en el Instituto Pasteur (Francia) y director científico del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) del país. Su investigación se ha centrado en cómo la selección natural y el estilo de vida han contribuido en los patrones de diversidad del genoma humano.
  • Anna di Rienzo. Profesora en la Universidad de Chicago (EE UU), especialista en la historia del cambio de medida de las poblaciones humanas. Experta en detectar adaptaciones genéticas de las poblaciones a entornos locales concretos.
  • Rasmus Nielsen. Investigador de la Universidad de California en Berkeley (EE UU). Fue el primer científico que describió una variante genética que demostró la adaptación a la altitud de los tibetanos, una mutación que provenía de los homínidos extintos de Denisova.

El  programa  de  B·Debate  “Natural   Selection   in   Humans:   Understanding   our adaptations” (Selección natural en humanos: entendiendo nuestras adaptaciones) está disponible en este enlace.

 

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Fecha de la convocatoria: 
17.07.2017