Se encuentra usted aquí

2. La evolución de un tumor y sus firmas genéticas

A  medida que una célula tumoral se va dividiendo, sus células hijas van acumulando mutaciones que pueden ser diferentes a las de sus progenitoras. Al final, resulta un conglomerado más o menos heterogéneo cuya variabilidad marcará si las células son sensibles a un tratamiento e incluso si podrán resistir y hacer resurgir de nuevo al tumor tras un aparente éxito inicial.

En 2011, el grupo de Elaine Mardis, profesora de Genética y Medicina en la Washington University School of Medicine participó en la primera secuenciación genética completa de un caso de leucemia a lo largo del tiempo. Su estudio permitió comprobar qué células respondían al tratamiento y cuáles escapaban a él. Ahora sus estudios son más ambiciosos, si cabe. “En la leucemia mieloide aguda hay muy pocos marcadores que nos indiquen el pronóstico, más allá de si responde bien o no a la quimioterapia. La genómica puede ayudarnos a mejorar esto”, comentó Mardis. Para ello han estudiado el perfil genético tumoral de más de 70 pacientes con leucemia. Lo que han visto es que si al mes persisten al menos un 5% de células con determinadas mutaciones, su pronóstico es mucho peor. Esto puede ayudar a clasificar a los pacientes para saber si necesitan nuevos tratamientos antes de que el tumor vuelva a aparecer.

 

Los modelos del cáncer

Para estudiar nuevas terapias es esencial el papel de los ensayos clínicos. Pero antes de llegar a probar un fármaco en pacientes es necesario previamente investigar lo máximo posible cada fármaco en el laboratorio.
Una de las primeras formas de analizar cómo funciona y se comporta una terapia es probarla en líneas celulares, cultivos en placas de células tumorales inmortalizadas. Pero ese es solo un primer paso, muy alejado de la realidad clínica.
Para acercarse un poco más al “mundo real” se usan modelos conocidos como “xenografts”: fragmentos de tumores de pacientes colocados en ratones de laboratorio. Estos modelos son ampliamente usados, por ejemplo, por el grupo de Carlos Caldas, profesor de oncología en la Universidad de Cambridge. Usando grandes colecciones de estos modelos han estudiado múltiples características de diversos tumores: sus mutaciones, su epigenética, su heterogeneidad. Y también buscan nuevos fármacos y combinaciones eficaces para mutaciones específicas.
Un paso más allá son lo que se conoce como Orthoxenografts, un modelo que consiste en implantar el tumor de un paciente en el órgano correspondiente del ratón, reproduciendo así más fielmente su biología. Uno de los máximos expertos en este modelo es Alberto Villanueva, responsable del grupo de Quimiorresistencia en el ICO y cofundador de la spin-off Xenopat, centrada en la generación de estos modelos. Su uso permite, no sólo investigar el papel de diferentes fármacos en tumores particulares, sino también reproducir el curso clínico de un paciente en concreto. Introduciendo un fragmento de su tumor en una serie de ratones pueden ensayarse diversos tratamientos en paralelo para tratar de identificar aquel que resulte más eficaz.

 

El auge de las técnicas de secuenciación genética y las herramientas informáticas está aportando paulatinamente grandes cantidades de información sobre los tumores. El cáncer no es una única enfermedad, se habla de que hay al menos 200 tipos diferentes y en realidad hay tantos tumores como pacientes. Pero unos son más parecidos a otros, de ahí la necesidad de agruparlos, porque en teoría cada grupo responderá mejor a uno u otro tratamiento. Un ejemplo de estos análisis se ha hecho con el cáncer de colon: el grupo de Rodrigo Dienstmann, oncólogo y director del Oncology Data Science (ODysSey) Group en el Instituto de Oncología del Vall d´Hebron, ha estudiado a gran escala la genética de más de 4000 de estos tumores y ha establecido 4 grupos diferentes, con características particulares en cada uno de ellos y con un pronóstico diferente tras el tratamiento.

Otra forma de agruparlos es buscar firmas de unos pocos genes cuyas alteraciones marcan su agresividad y, en ocasiones, su respuesta a determinados fármacos. En cáncer de colon, varias de esas firmas llevan el nombre de Ramón Salazar, jefe del departamento de Oncología Médica en el ICO.

Pero en ciertos casos no es suficiente con analizar el tumor, también debe estudiarse su microentorno, el tejido que lo envuelve y en el que se asienta. Así lo asegura Eduard Batlle, coordinador del Programa de Oncología en el Institut de Recerca de Barcelona. Según Batlle, al menos en el cáncer de colon, “la tendencia de un tumor a hacer metástasis no depende tanto del cáncer en sí como del tejido que sostiene al tumor”. Lo que han visto es que la mayoría de los genes que predicen una recaída están activos en el entorno del cáncer, y que se activan en su gran mayoría por medio de una molécula llamada TGF-β. Por eso trabajan ya en fármacos que la inhiban.


> Sigue leyendo la sinopsis: 3) La inmunoterapia contra el cáncer: la gran esperanza

Aunque el papel de nuestras defensas contra el cáncer se conoce desde finales del siglo XIX, ha sido en los últimos cinco años cuando la inmunoterapia se ha consolidado como la nueva gran esperanza contra el cáncer. 


 

En la lucha contra el cáncer los avances científicos son indispensables, pero también tienen un papel fundamental las decisiones políticas y los costes económicos que conllevan los tratamientos. Durante el B·Debate tuvo lugar una mesa redonda para discutir la problemática que las nuevas terapias y sus resistencias generan a nivel de la sanidad. 

> Sigue leyendo

Aunque el papel de nuestras defensas contra el cáncer se conoce desde finales del siglo XIX, ha sido en los últimos cinco años cuando la inmunoterapia se ha consolidado como la nueva gran esperanza contra el cáncer.

> Sigue leyendo

BDebate Cancer Treatment Resistance

      

Los tratamientos contra el cáncer no dejan de progresar: a las mejoras en los diagnósticos o en las cirugías se han incorporado en...