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3. La inmunoterapia contra el cáncer: la gran esperanza

Aunque el papel de nuestras defensas contra el cáncer se conoce desde finales del siglo XIX, ha sido en los últimos cinco años cuando la inmunoterapia se ha consolidado como la nueva gran esperanza contra el cáncer.

Nuestro sistema inmunitario está constantemente vigilando la aparición de presencias extrañas. Cuando un tumor se origina, sus mutaciones lo hacen ya diferente al resto de nuestras células y las defensas luchan por eliminarlo. Pero en algún momento dado pueden fracasar, porque el cáncer busca caminos para librarse de ellas.

Uno de esos caminos es cubrirse de una especie de capa de invisibilidad. Para ello disponen en su superficie de moléculas como la llamada PD-L1. Estas, al unirse a sus complementarias en los linfocitos del sistema de defensa, anulan su acción. Unos de los fármacos más prometedores son los llamados inhibidores de punto de control inmunitarios: anticuerpos que bloquean esta capacidad tumoral. Su introducción ha sido particularmente eficaz a la hora de tratar el melanoma (el cáncer de piel más agresivo), y también parecen actuar en tumores como los de pulmón o riñón. En gran parte por ello, la inmunoterapia contra el cáncer fue elegida en 2013 como el avance científico más importante del año según la revista Science.

Pero hay otro tipo de tumores en los que no parecen funcionar, y no se sabe exactamente la razón. El grupo de Michael Karin, profesor de Microbiología en la Universidad de California, investiga las posibles causas en tumores como los de próstata, hígado o páncreas. “El sistema inmunitario lucha contra el cáncer y ciertas quimioterapias pueden ayudarle a reconocerlo”, aseguró Karin. Esta teoría se basa, en parte, en que la quimioterapia provoca la muerte de una gran cantidad de células tumorales y al destruirlas hace que muchas de sus sustancias extrañas se liberen, facilitando que las defensas puedan encontrarlo. Pero en ocasiones sucede algo paradójico. Como explicó Karin: “Suena increíble, pero algunos linfocitos B (los linfocitos que producen anticuerpos) pueden inhibir la lucha que ejercen los linfocitos T contra el tumor provocada por la quimioterapia”. Estos linfocitos rebeldes parecen ejercer su acción a través precisamente de la molécula PD-L1 (la capa de invisibilidad), por lo que “una combinación de quimioterapia e inmunoterapia, si se administran al mismo tiempo, podría ser útil en este tipo de tumores”, aseguró.

 

Terapia Inmune

© Agencia Sinc/José Antonio Peñas

 

Otra forma de estimular al sistema inmunitario contra el cáncer son las vacunas. Aunque son una promesa desde hace años, apenas se ha aprobado una contra el cáncer de próstata y su eficacia es más bien escasa. Pero hay nuevas estrategias que buscan aumentar exponencialmente su fuerza diseñando vacunas absolutamente personalizadas a base de buscar las mutaciones presentes en cada uno de los tumores para determinar aquellas que con más probabilidad van a desatar una fuerte reacción del sistema de defensa. En ello trabaja el grupo de Sebastian Kreiter, director  del Immune Therapy Development Center (TRON) en la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz, y fruto de sus investigaciones han iniciado ya un ensayo clínico de una vacuna personalizada en pacientes con melanoma.

Y hay incluso otra pata en el abordaje de la quimioterapia. Se trata de usar virus oncolíticos, virus en principio inofensivos que ataquen de forma selectiva a las células tumorales. En ello trabaja el grupo de Ramón Alemany, líder del Centro de Viroterapia en el ICO. “Se busca que la lucha contra el tumor sea a través del virus, pero que este también facilite la acción del sistema inmunitario”, comentó Alemany. De alguna forma sería algo similar al papel de la quimioterapia, que al destruir células tumorales se las enseña al mismo tiempo a las defensas. Pero no es sencillo, porque en muchos casos los virus no llegan en cantidades adecuadas y porque las defensas tienden a atacar más al virus que al propio tumor. Por eso se trabaja en soluciones. Algunas de ellas: incubar de formas especiales los virus para ocultarlos del sistema inmunitario o insertar partes del tumor en la cubierta del virus para que ataque a ambos a la vez.

De una u otra forma, el futuro parece pasar en buena medida por la inmunoterapia, aunque no en exclusiva. Así lo aseguró Joaquín Arribas: “en muchos casos, el tratamiento del cáncer pasará seguramente por una combinación de terapia inmune y de medicina de precisión sobre dianas moleculares”.


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