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Al cerebro también le toca hacer flexiones

Cuanto más sano esté el cerebro mejor afrontará lesiones, enfermedades y el paso de los años. Hoy sabemos que la genética juega un papel fundamental en la salud cerebral. El genetista John Harvey, del Instituto de Neurología de Londres, ha identificado numerosos genes relacionados con síndromes neurológicos como la demencia o la enfermedad de Parkinson. Según el mismo describe, “Los estudios genéticos y epidemiológicos con miles de personas son caros y aburridos pero dan unos resultados increíbles”, afirmaba en su ponencia.

Más allá de la genética, los científicos han demostrado que hay muchas maneras de mantener la salud del sistema nervioso. “Es tan simple como suena –asevera Arthur Kramer, director del Instituto Beckman de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign (EE UU) –. El ejercicio es una de las mejores maneras de mejorar la salud física y mental”.

Este investigador ha demostrado los mecanismos moleculares que están detrás del efecto beneficioso de la actividad física. “El ejercicio tiene efectos increíbles sobre el cerebro: mejora la memoria, incrementa el número de sinapsis, la producción de neurotransmisores, la angiogénesis, aumenta la expresión de genes relacionados con la plasticidad y disminuye otros asociados con el estrés oxidativo…”, enumera. La evidencia es tan abrumadora que Kramer no puede evitar asombrarse de lo difícil que resulta a veces que el ser humano actúe en su mejor interés. “Nos estamos convirtiendo en una sociedad sedentaria y obesa, ¡Incluso los niños!”, denuncia.

 

Del gimnasio a los videojuegos

El ejercicio tiene un efecto global sobre el cerebro, pero también existen aproximaciones para mejorar funciones cognitivas concretas. Ese es el objetivo de programas de ordenador como el desarrollado en Cataluña por el Instituto Guttmann, con otros colaboradores tecnológicos y clínicos: Guttmann, NeuroPersonalTrainer®, y también de la iniciativa Brain Fit Club, de la escuela médica de Boston, que intenta emular un gimnasio convencional pero para la capacidad cognitivas. “Queremos traducir los avances de la investigación neurocientífica en programas clínicos”, destaca Bonnie Wong, neurofisióloga y directora de este proyecto.

Otra estrategia para optimizar funciones cognitivas específicas está tan presente en la mayoría de hogares y fomenta tanta preocupación social que resulta sorprendente: los videojuegos de acción.Daphne Bavelier, neurocientífica de la Universidad de Rochester (EE UU), lleva años utilizándolos como herramienta para entender mejor la plasticidad cerebral y cómo aprendemos. “Lo primero que piensas cuando tu hijo de 15 años se pasa horas matando zombis frente al ordenador no es que esté aumentado sus funciones ejecutivas, pero así es”, afirma.

Las investigaciones de Bavelier demuestran que los jugadores de videojuegos de acción (Como las populares sagas Call of duty o Medal of honor) tienen un tiempo de reacción más rápido y deciden de manera más eficiente que aquellos aficionados a juegos de tipo más social (tipo SIMS o Restaurant empire). La explicación molecular de estos efectos reside en que los videojuegos de acción “parecen tener un efecto directo sobre la red neuronal que controla la atención”, afirma la experta.

Estos resultados se ven respaldados por numerosos estudios con cirujanos que han demostrado que los videojuegos de acción pueden mejorar su práctica quirúrgica. De todos modos, es vox pópuli que los jóvenes que pasan muchas horas jugando a videojuegos suelen tener un mal rendimiento escolar, por lo que Bavelier terminó su exposición subrayando que todavía no se sabe si los videojuegos estimulan ciertas habilidades en deterioro de otras, como por ejemplo la retención a largo plazo. “Aún nos queda mucho por aprender”, concluye la investigadora.

 

Mens sana in corpore sano

Además de ejercicio y videojuegos, también las relaciones sociales positivas, la meditación, un trabajo estimulante a nivel cognitivo, dormir las horas que toca y una dieta saludable influyen en la salud cerebral. En relación a la alimentación, Emilio Ros, investigador del Hospital Clínic de Barcelona presentó en B·Debate los resultados del estudio PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea) que demuestran que una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra y nueces reduce el riesgo de eventos cardiovasculares. Además, según Ros, “los alimentos ricos en polifenoles propios de este tipo de régimen podrían contrarrestar el deterioro cognitivo asociado a la edad”.

De la misma manera que los buenos hábitos y el ejercicio modulan la salud cerebral e incrementan la reserva cognitiva (la capacidad del cerebro de lidiar con la enfermedad) está descrito que patologías como la diabetes tipo 2 aceleran el deterioro cognitivo. “Hoy sabemos que es tan cierto el aforismomens sana in corpore sano como su reflejo especular, pues el cerebro también influye en la salud del cuerpo”, asegura Álvaro Pascual-Leone.

En una sociedad cada vez más longeva el objetivo hasta ahora ha sido curar las enfermedades neurodegenerativas pero, según Pascual-Leone, esta estrategia es incorrecta, pues cuando la enfermedad se manifiesta ya lleva años en marcha. “La única solución es enfatizar la prevención a nivel personal. Lograr mantener el cerebro sano a lo largo de toda la vida –afirma el experto–. Y este cambio de paradigma no solo afecta a la base misma de la neurociencia si no que también requiere de un cambio a nivel de salud pública y política sanitaria”.

“Pese a tener un cerebro pequeño e inmaduro los niños son un unos aprendices prodigiosos”, asegura Ghislaine Dehaene-Lambertz, directora del laboratorio de imagen del desarrollo cerebral (Francia). Para entender el cerebro humano es necesario conocer tanto los engranajes de su funcionamiento como su desarrollo.

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Para Pascual-Leone, un cerebro sano es “aquel que tiene la red de conexiones necesarias para disfrutar de una vida plena”. Y esta red, igual que las necesidades a las que responde, cambia a lo largo del tiempo. “No se trata de tener un cerebro joven de 17 años en un cuerpo de 90, si no de tener el mejor cerebro con la mejor salud posible para cada edad”, afirma el neurocientífico.

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Brain Health

 

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