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Reportaje

Future Tools

Sinopsis B·Debate - Nuevas herramientas para la investigación del futuro

La investigación biomédica ha avanzado enormemente en los últimos años, pero quedan largos caminos por explorar. Un factor que se suele considerar limitante es la tecnología utilizada, que es la que permite no solo acceder a mayores cantidades de información, sino también hacerla más fiable.

09.12.2015

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En la investigación biomédica, una herramienta controvertida es el uso de animales, hecho que está sometido a discusiones éticas porque muchas veces no refleja la realidad del cuerpo humano. Para sustituir o complementar la investigación en animales se están desarrollando ya miniórganos de laboratorio, organoides y “órganos en chips” que permitan una experimentación más directa y real; se usan células iPS, células reprogramadas para devolverlas prácticamente a su estado original cuando comenzaron en el embrión; y se trabaja en modelos matemáticos con el objetivo final de crear un “humano virtual” que pueda ser estudiado directamente en un ordenador. Paralelamente, se estudian por ejemplo ratones modificados gen a gen, para identificar funciones aún desconocidas de estos animales.

Para debatir estos avances, algunos de los mejores expertos internacionales se reunieron en un B·Debate, una iniciativa de Biocat y de la Obra Social “la Caixa” para promover el debate científico.

Las principales conclusiones del debate son:

  • Iniciativas ciudadanas están proponiendo la prohibición del uso de animales con fines de investigación. Sin embargo, la Comisión Europea afirma que ahora mismo no es posible, y establece una serie de recomendaciones para racionalizar su uso.
  • Se buscan nuevas herramientas que permitan una investigación más fiable. Entre ellas están el uso de células madre, de organoides o de ´órganos en un chip´.
  • Proyectos como el del Humano Fisiológico Virtual pretenden estudiar el cuerpo humano a través de modelos matemáticos generados por ordenador.
  • Mientras tanto, el uso de animales sigue siendo necesario. En este sentido, han nacido  grandes proyectos para mejorar este uso: por ejemplo, identificar la función de cada uno de los 20.000 genes de un ratón, extrapolarlos y compararlos con los de los humanos.

 

¿Hacia una investigación sin animales?

En junio de 2015, la Comisión Europea rechazó una iniciativa ciudadana que había recogido casi 1,2 millones de firmas contra la experimentación con animales. Los motivos para pedir la prohibición eran tanto éticos como por una fiabilidad en entredicho. La Comisión, sin embargo, consideró que “ahora sería prematuro prohibir completamente la investigación con animales en la Unión Europea”, y remitía a una directiva del año 2010, que ya planteaba una regulación más estricta de su utilización (la regulación se refiere a mamíferos, ya que no considera a los peces o a las moscas organismos in vivo). Los científicos españoles han reducido el uso de animales de 1,4 millones en 2009 a 920.000 en 2013, en parte debido a la nueva legislación.

Para Elisabet Berggren, jefa del área de toxicología en el Institute for Health and Consumer Protection, “quizás pueda sustituirse el número de animales por tests in vitro antes de llegar a la fase de ensayos clínicos. Pero para eso hay que pensar y planificar mejor los experimentos”. Berggren recordó además dos recomendaciones de la Comisión Europea: la necesidad de compartir más datos y de mejorar el desarrollo de métodos alternativos. Una de las iniciativas para conseguirlo es el proyecto SEURAT-1, nacido TRAS la prohibición de usar de experimentación animal para la investigación en cosméticos, y que pretende desarrollar métodos que puedan ser usados en otras áreas.

Otros expertos no son tan optimistas. Para Fátima Bosch, directora del Centro de Biotecnología Animal y Terapia Génica en la Universitat Autónoma de Barcelona, “quizás algunos de estos métodos alternativos puedan servir para valorar la toxicidad de los medicamentos, pero no su eficacia. Para eso se necesitan experimentos in vivo”.  De la misma opinión es Miquel Borràs, profesor de toxicología en la Universidad de Barcelona. “Los métodos alternativos tienen todo el sentido del mundo en la primera fase del estudio de un fármaco, pero no después. Y no es por capricho, es que se exigen estudios con animales para poder comprobar una terapia”.

La propia industria está interesada en superar los experimentos con animales, más largos y en general más caros. Para limitar estos inconvenientes está comenzando por ejemplo a usar ratones modificados que desarrollan tumores a mucha más velocidad. Pero, “¿cuál es la relevancia científica de esos modelos?”, se preguntó Borrás. “Cuando se habla de que lo in vivo es impreciso es cierto (dos terceras partes de los fármacos que se aprueban en animales terminan fracasando). Pero cuidado, al menos de momento, lo ex vivo lo es mucho más”, advierte.

Si se habla de células madre o de órganos de laboratorio se suele pensar en trasplantes y medicina regenerativa, pero las mismas herramientas que pueden servir para crear nuevos tejidos son a la vez una gran esperanza para la investigación.

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A pesar de los avances en nuevos modelos, el uso de animales se sigue considerando necesario y continúa siendo una constante en la investigación. Incluso se han puesto en marcha enormes proyectos que buscan ahondar en la información que nos pueden aportar. Por ejemplo, para desentrañar la función de todos aquellos genes de los que desconocemos su acción, que aún son la mayoría.

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El proyecto ´Humano Fisiológico Virtual´ (VPH por sus siglas en inglés) pretende estudiar el cuerpo humano a partir de modelos matemáticos generados por ordenador. Eso haría posible no solo entenderlo mejor, sino poder diseñar estrategias de tratamiento personalizadas según nuestras características más particulares.

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