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Reportaje

Xenopat

Xenopat

Xenopat es una spin-off del Institut de Recerca Biomèdica de Bellvitge (IDIBELL), Insitut Català d'Oncologia (ICO) y el Hospital Universitari de Bellvitge (HUB) que usa los trasplantes de tumores en ratones para una mejor medicina personalizada.

21.04.2015

La medicina personalizada persigue, en general, un objetivo ambicioso pero concreto: ser capaz de dar el fármaco correcto al paciente correcto y en el momento correcto. En esa compleja búsqueda se hace cada vez más necesario disponer de modelos fiables, formas de probar y poder valorar los diferentes medicamentos antes de que estos lleguen a los pacientes.

Con esa intención ha nacido Xenopat, una spin-off del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), el Instituto Catalán de Oncología (ICO) y el Hospital Universitario de Bellvitge (HUB). “Menos del 10% de los fármacos que son eficaces contra el cáncer in vitro llegan finalmente a los pacientes”, asegura Alberto Villanueva, su director científico. “Muchos se pierden en el camino, porque lo que funciona en un cultivo celular hay veces que no lo hace en los humanos. O porque en ocasiones provocan efectos secundarios que hacen imposible su uso”. Xenopat ofrece una nueva técnica para mejorar esa fiabilidad. En general, los laboratorios de todo el mundo prueban los fármacos en los animales alojando tumores humanos en su espalda, justo bajo la piel. Pero esa forma distorsiona en parte su comportamiento, ya que se pierden las características de su verdadero entorno. En Xenopat lo que se hace es introducir los tumores humanos en su mismo órgano de origen: el de pulmón en el pulmón del ratón, el de ovario en el ovario, salvando en gran medida esa carencia. Es lo que se denomina trasplante ortotópico. El producto es fruto de “una experiencia de años, que ha permitido optimizar el complejo proceso quirúrgico y su estandarización”, apunta Villanueva

Su oferta distingue dos líneas diferentes. Por un lado, sirve como prueba para fármacos en estudio. “Esta línea va dirigida fundamentalmente a empresas, pero también a investigadores”. Actualmente Xenopat dispone de una batería de más de 200 tumores de diferentes tipos, genéticamente caracterizados, que permiten comprobar la eficacia de cualquier medicamento antitumoral para cada una de las variantes. “Esta línea puede aportar información muy útil a la hora de dirigir y planear ensayos clínicos”, asegura Villanueva. De hecho, esta técnica ya se ha empleado en el desarrollo de la lurbinectidina, un fármaco contra el cáncer de ovario —para el cual apenas han aparecido novedades en los últimos años— que ha sido desarrollado en España y que se encuentra ya en ensayos de fase III, la etapa anterior a su posible comercialización.

Por otro lado, la oferta se dirige específicamente al ámbito hospitalario. A pesar de que las terapias contra el cáncer han mejorado, una parte aún importante de pacientes recae de la enfermedad, lo que complica en gran medida los siguientes tratamientos. Villanueva se muestra escéptico respecto a otras iniciativas similares que, usando tumores subcutáneos, pretenden indicar la primera medicación, ya que considera que  “no hay margen de tiempo suficiente”. En el caso de la recaída es donde tales iniciativas, especialmente Xenopat, podrían ser de utilidad: una pequeña parte del tumor extirpado durante la cirugía puede implantarse en un ratón, al que se le daría el mismo tratamiento que al paciente. Como en el animal la enfermedad avanza más rápidamente, “podrían ir probándose en paralelo diferentes fármacos, incluidos aquellos que se estén usando en ensayos clínicos, para determinar cuál sería el más eficaz llegado el caso de una recidiva”.

Preguntado por el motivo de haber constituido una spin-off, Villanueva confiesa que su grupo de investigación es pequeño, y necesita constante financiación. Esta es la única forma de “continuar el proyecto para lograr que genere riqueza y que pueda mantener una cierta independencia. De esta manera se consigue además que haya un cierto retorno a la institución pública porque, lamentablemente, creo que ahora mismo esto solo se puede hacer desde un entorno privado.”

Xenopat sigue una estrategia de crecimiento orgánico. “Desde el primer día contamos con un servicio listo para ser vendido, lo cual nos ha permitido financiarnos desde el momento cero con dinero de los clientes.” En ese sentido se consideran una compañía afortunada, aunque esa ventaja, afirman, viene de un trabajo previo de años. En las primeras etapas pretenden validar el negocio, para posteriormente enfrentarse a una ronda de financiación con unas credenciales de ventas ya contrastadas. Mientras tanto continúan innovando e incorporando nuevos modelos tumorales. Aunque actualmente sus clientes son de ámbito nacional, Xenopat puede ofrecer sus servicios preclínicos a cualquier compañía del mundo y su servicio de tratamientos oncológicos personalizados “a todas aquellas personas que nos puedan hacer llegar su tumor en 24-36 horas después de su cirugía”.

La empresa, que ya participó en el concurso BioEmprenedorXXI —una iniciativa de “la Caixa”, Barcelona Activa y Biocat para fomentar la creación empresarial— la componen también August Vidal y Anna Portela. Vidal es patólogo en el Hospital de Bellvitge, y ha estado presente en el proyecto desde su inicio. Villanueva considera clave su papel: “todo el mundo piensa en otros profesionales clínicos, más cercanos al paciente, pero el patólogo es fundamental a la hora de desarrollar estas estrategias”, asegura. Portela, por su parte, fue investigadora post-doctoral en el mismo IDIBELL hasta el pasado año, investigación que compaginó con el estudio de un máster empresarial. Interesada en participar en la gestión de la ciencia y en hacer que esta llegue a la sociedad, considera que deberían eliminarse obstáculos para que un investigador siga el camino empresarial. Y, convencida, asegura que tomó esta decisión al considerar que “la empresa puede conseguir que los avances científicos lleguen a la sociedad, algo que el artículo científico por sí solo no es capaz de hacer”. 

Xenopat 269

Fruto del trabajo de años, Xenopat dispone actualmente de un banco de más de 150 tumores congelados