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Dra. Anna Veiga

directora del Banco de Líneas Celulares del CMRB y directora de I+D+i del Servicio de Medicina Reproductiva del Instituto Dexeus


Pionera en la fecundación in vitro en el Estado español, la doctora Anna Veiga comenzó a investigar en este campo cuando eran pocos los que lo hacían. Sólo con 26 años (era el 1984), esta científica barcelonesa ocupó las primeras páginas de los periódicos con el nacimiento de Victoria Anna, el primer bebé probeta en España, una experiencia que cuenta en el libro El milagro de la vida (La Magrana/RBA).


Desde entonces ha seguido focalizando su trabajo en avances biomédicos que han mejorado la calidad de vida de muchas personas y actualmente se dedica a la investigación con células madre, que permitirán curar enfermedades, nuevamente abriendo caminos hacia un futuro más próspero en este sentido.

Anna Veiga tiene una trayectoria profesional de excelencia y estrechamente vinculada a Cataluña. Doctora en ciencias biológicas por la Universitat Autònoma de Barcelona, ??fue directora del laboratorio de fecundación in vitro del Departamento de Medicina de la Reproducción del Instituto Dexeus entre 1982 y 2004. Hoy dirige el Banco de Líneas Celulares del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB) y la I+D+ i del Servicio de Medicina Reproductiva del Instituto Universitario Dexeus.

Es miembro del Comité Científico del Centro Internacional para el Debate Científico (una iniciativa de Biocat impulsada por la Obra Social "la Caixa") y defensora de este nuevo modelo de debates científicos que se organizan en Barcelona con expertos de todo el mundo. Los próximos días 6 y 7 de junio participará en las jornadas científicas del CIDC, Fertility preservation update: consensus meeting, de las cuales ha llevado la dirección científica junto con Pedro Nolasco Barrio. A partir del mes de julio ocupará la presidencia de la European Society for Human Reproduction and Embryology.

¿Cómo resumiría la historia de la reproducción asistida en España?

Empezamos a trabajar bastante pronto, sólo seis años después del primer nacimiento —en referencia a Victoria Anna Perea Sánchez—, y en estos momentos estamos en una posición absolutamente equiparable a la mayoría de países europeos y del mundo.

El próximo mes de julio encarará un nuevo reto, ser la primera científica catalana a la presidencia de la European Society for Human Reproduction and Embryology. ¿Qué significa esto para usted y para Cataluña?

Es una sociedad que lleva muchos años de recorrido y nuestra presencia siempre ha sido destacada, pero seguro que la presidencia nos hará más visibles. La ESHRE tiene un sistema muy consolidado y hay una continuidad en las acciones. Ahora bien, ¿cosas que se deben impulsar? Nuestro contacto con la Comisión Europea para consolidarnos como organismo experto al que se consulta cuando hay dudas sobre este ámbito, consolidar los temas de formación y acreditación de profesionales y, después, otros aspectos que están en debate, como el turismo reproductivo o la preservación de la fertilidad.

Hemos llegado a un momento de madurez en la fecundación in vitro y parece ser que el futuro apunta hacia tratamientos menos agresivos. ¿Qué investigación estamos haciendo en Cataluña en esta línea?

La fecundación in vitro ya hace más de 30 años que forma parte de las prestaciones a las que se puede dirigir una mujer cuando tiene un problema de fertilidad. A lo largo de este tiempo hemos ido incorporando técnicas nuevas, y pienso que ahora estamos en un punto que lo máximo que podemos pretender es consolidar los resultados, es decir, obtener buenas tasas de embarazo de la población que estamos tratando, que cada vez es una población con peor pronóstico, porque las mujeres son mayores. También debemos intentar eliminar los efectos no deseables, como son los embarazos múltiples y las estimulaciones excesivas. Estamos haciendo más o menos lo que se realiza en otros países, no existe mucha diferencia entre lo que puede estar pasando entre un centro catalán o en un centro en Bruselas, por ejemplo. Las técnicas que utilizamos son las mismas, vamos en la misma línea, asistimos a los mismos congresos y publicamos en las mismas revistas científicas.

Los días 6 y 7 de junio se celebran Barcelona unas jornadas de debate, en el marco del Centro Internacional para el Debate Científico, sobre una disciplina emergente como es la preservación de la fertilidad. ¿Cuál es el objetivo principal de las jornadas?

Pretendemos poner en común y establecer un consenso internacional sobre en qué punto estamos. El objetivo principal es conseguir un documento donde se diga claramente cuáles son las indicaciones para la preservación de la fertilidad, qué métodos se pueden utilizar, qué resultados se obtienen y en qué punto está esta metodología, no sólo para los especialistas, sino para ginecólogos y oncólogos que están tratando jóvenes con cáncer, para que les puedan transmitir sus posibilidades de preservar la fertilidad a pesar que deban someterse a un tratamiento agresivo contra la enfermedad.

¿Es un momento clave para definir nuevas estrategias y líneas de investigación en este ámbito?

Es un campo que lleva un cierto recorrido, que se ha ido despertando los últimos cinco años de una forma muy evidente, con técnicas muy consolidadas y otras que lo son menos. Es importante que sigamos este camino pronto y que, como buenos especialistas que somos en reproducción asistida, los integrantes de muchos centros de Cataluña y de todo el Estado utilicemos esta buena ocasión para compartir con nuestros colegas internacionales lo que sabemos.

Hacia dónde va la preservación de la fertilidad, ¿se mezclarán otras disciplinas científicas?

De hecho ya se mezclan, no estamos hablando de la posibilidad de curar una patología reproductiva sino de prevenir un problema que aparece debido a un tratamiento por una neoplasia, por lo tanto, ya hay una transversalidad. De hecho, en estas jornadas que estamos a punto de celebrar hay muchos especialistas diferentes, podemos encontrarnos con pediatras, oncólogos, profesionales que trabajan en reproducción tanto en el ámbito clínico como en el laboratorio...

¿A qué tipo de personas van dirigidas las técnicas de preservación de la fertilidad?

Los principales candidatos son jóvenes, incluso niños, que deben ser sometidos a un tratamiento de radioterapia o quimioterapia que comprometerá su fertilidad futura. También, pacientes con enfermedades autoinmunes y casos donde haya un fallo ovárico prematuro que podamos prever con cierta anticipación y para los que pensamos que vale la pena congelar los óvulos o una porción del ovario. Y por otro lado, está la preservación social, que ya tiene una cierta demanda, de mujeres jóvenes que ante la imposibilidad de quedar gestantes en una edad adecuada fisiológicamente hablando (entre 25 y 35 años) deciden congelar sus óvulos y utilizarlos más adelante, cuando estén a punto para asumir un embarazo por las razones que sea. Lo que tenemos que debatir es si eso es lo que queremos ofrecer y en qué casos.

Hace unas semanas usted fue una de las firmantes de una carta, a raíz de un proceso judicial abierto en la UE, que advertía sobre los efectos negativos de limitar la investigación con células madre. ¿Cree que está en peligro la investigación europea en este ámbito?

Efectivamente fui una de las firmantes de una carta que se publicó en la revista Nature en la que expresaba nuestra preocupación que en Europa se prohíba patentar métodos que impliquen células madre embrionarias. Es un proceso que está abierto desde hace muchos años por parte de un investigador alemán, que presentó su protesta ante la European Court of Justicie, y recientemente ha aparecido un informe preliminar de uno de los jueces donde se expresa claramente en favor de que se prohíba esta metodología. No es definitivo, pero normalmente el veredicto acaba siendo similar. Nos preocupa que sea así y que esto pueda llegar a comprometer la financiación de mucha investigación. Las compañías biotecnológicas acaban apostando por sectores donde tienen unas ciertas garantías de obtener un retorno. Si no podemos patentar determinados métodos, estamos limitando muchísimo estas posibilidades.

Como investigadora que apoya el CIDC, ¿cuál es la contribución que el Centro hace a la comunidad científica con la selección y organización de jornadas de debate?

Es una manera excelente de propiciar el progreso de nuestra comunidad científica. Muchos de nosotros tenemos conexiones con colegas a nivel internacional, y tenemos que aprovechar estas conexiones y hacer que el debate pueda enriquecernos. Es un Centro que nos ayuda a organizar unas jornadas con un formato muy diferente al que podría ser un congreso normal donde hay mucha gente. En cambio, los formatos que estamos proponiendo desde el CIDC, son más restringidos, con expertos que fomentan el intercambio y la discusión. Estoy absolutamente convencida de que es la manera de avanzar.

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