Del liderazgo clínico al escalado industrial: una ambición compartida para el futuro de las terapias avanzadas en Cataluña.
Los medicamentos de terapia avanzada (ATMP, por sus siglas en inglés) están transformando la manera de abordar enfermedades graves, con aplicaciones especialmente relevantes en el ámbito oncohematológico, los trastornos genéticos minoritarios o determinadas patologías degenerativas graves, entre muchas otras indicaciones actuales y potenciales. Sin embargo, debido a la complejidad de su desarrollo, esta nueva generación de terapias obliga a repensar profundamente los modelos de fabricación, regulación, evaluación, financiación y acceso, ya que no existe un único modelo de desarrollo y escalado válido para todas ellas.

Bajo el paraguas de las ATMP conviven enfoques muy diversos, con necesidades industriales, regulatorias y asistenciales también diferentes. En el caso de las terapias celulares y génicas, que concentran buena parte de la evolución actual del sector, pueden identificarse tres grandes paradigmas de desarrollo y fabricación que previsiblemente coexistirán en los próximos años: los modelos autólogos, los modelos alogénicos y los enfoques in vivo. No se trata de una clasificación regulatoria, sino de tres lógicas de desarrollo diferentes que condicionan la fabricación, la escalabilidad, la logística y la forma en que estas terapias llegan al paciente.
En las terapias autólogas, el punto de partida son las células del propio paciente. Cada tratamiento requiere extraerlas, modificarlas o expandirlas en condiciones controladas y volver a introducirlas en el mismo paciente. Esto hace que el proceso de fabricación no sea únicamente una etapa técnica, sino una parte esencial del producto y de su propuesta de valor, ya que requiere redes hospitalarias de proximidad altamente coordinadas, capaces de integrar las capacidades técnicas y regulatorias necesarias y de reducir al máximo el tiempo entre la extracción de las células, su modificación y la reinfusión al paciente.
Un segundo modelo es el de las terapias alogénicas. En este caso, las células proceden de un donante o de una fuente celular estandarizada y se modifican o preparan para convertirse en un producto terapéutico disponible para múltiples pacientes. La ambición de este modelo es transformar las células modificadas en medicamentos más estandarizados, disponibles off-the-shelf, con capacidad de producción por lotes, una mejor planificación logística y una posible reducción del coste por tratamiento. Este procedimiento abre la puerta a modelos más próximos a la fabricación industrial, con producción centralizada, control analítico avanzado y una participación más intensa de la industria farmacéutica y biotecnológica.
El tercer modelo es el de las terapias in vivo. En este caso, la modificación terapéutica no se lleva a cabo sobre células extraídas y manipuladas fuera del cuerpo, sino directamente en el interior del paciente. El producto no es una célula modificada, sino un vector, una nanopartícula u otra plataforma de administración que transporta una carga genética o molecular diseñada para corregir, modular o reprogramar una función biológica. Este enfoque también puede simplificar la logística clínica, aproximarse más al modelo farmacéutico tradicional y facilitar una producción centralizada a mayor escala.
Estos tres modelos no competirán necesariamente entre sí, sino que coexistirán y darán respuesta a distintas necesidades clínicas. Las terapias autólogas pueden seguir siendo esenciales en contextos de elevada personalización y proximidad hospitalaria. Las alogénicas pueden abrir el camino hacia productos celulares más escalables y disponibles. Y las terapias in vivo pueden representar una nueva frontera para llevar la modificación genética o celular directamente al paciente, con modelos de fabricación y distribución de mayor alcance.
Por ello, cuando hablamos del futuro de las terapias avanzadas en Cataluña, hablamos de la necesidad de construir un sistema capaz de acompañar terapias con trayectorias diferentes. Así, el reto no consiste únicamente en desarrollar buenas terapias, sino también en disponer de los modelos adecuados para que cada una pueda avanzar por el camino que necesita y llegar a los pacientes de forma segura, sostenible y competitiva.
"En pocos años, las terapias avanzadas han pasado de ser una promesa a convertirse en una realidad clínica para determinados pacientes. Los resultados obtenidos con las CAR-T, las terapias génicas y otros medicamentos de terapia avanzada han demostrado que es posible lograr beneficios clínicos que difícilmente se conseguían con los enfoques convencionales", afirma Joaquín Arribas, director del Hospital del Mar Research Institute y jefe de grupo del Vall d’Hebron Instituto de Oncología, en una entrevista para la web de ATMP Catalonia. "Aun así, creo que todavía nos encontramos en una fase relativamente inicial. En los próximos años veremos terapias más sofisticadas, capaces de superar mecanismos de resistencia, actuar en entornos tumorales más complejos y llegar a un mayor número de pacientes. El potencial es enorme, especialmente en aquellas situaciones en las que los tratamientos actuales siguen siendo insuficientes".
Cataluña: capacidades excepcionales con una cadena de producción todavía discontinua
Cataluña parte de una posición privilegiada, al concentrar investigación biomédica de excelencia, centros hospitalarios de primer nivel y un claro liderazgo europeo en ensayos clínicos. Un caso de éxito que demuestra estas capacidades es el desarrollo del ARI-0001, la primera terapia CAR-T académica financiada públicamente en Europa y autorizada por la AEMPS, de la cual ya se han beneficiado más de 500 pacientes. Este activo se refuerza con ATMP Catalonia, la red de la que forman parte más de 70 entidades coordinada por Biocat que conecta hospitales, centros de investigación, empresas, fondos de inversión y administraciones, y que ha consolidado el ATMP Day como espacio de encuentro anual, celebrado este mes de septiembre.
A pesar de estas capacidades, nos encontramos ante un desajuste estratégico: existe excelencia en las fases iniciales y finales, pero sufrimos una evidente discontinuidad en la cadena de valor en lo que respecta a las etapas de escalado.
Así lo manifiesta Avencia Sánchez-Mejías, directora general y cofundadora de Integra Therapeutics. "El cuello de botella a la hora de pasar de una primera fabricación clínica a un proceso robusto y reproducible que permita seguir avanzando hacia fases más avanzadas, tanto clínicas como comerciales, no es científico, sino operativo: se necesita talento especializado en CMC y acceso a CDMO con capacidad real para escalar hasta las fases comerciales. Por otra parte, no es fácil acceder a la financiación necesaria para las fases más avanzadas de estos productos de terapias avanzadas, por lo que hay que buscarla fuera de Cataluña. Sin estos recursos, pasar de un lote de prueba a un proceso reproducible, como el que exige nuestra plataforma FiCAT, es el verdadero freno para hacer llegar estos productos a los pacientes", explica la emprendedora.
Actualmente, el ecosistema catalán cuenta con 24 salas blancas dedicadas a la producción de estas terapias y prevé que otras seis entren en funcionamiento de aquí a 2027. Sin embargo, debido a sus capacidades estructurales y regulatorias, el escalado de estas soluciones sigue siendo un obstáculo crítico que afecta tanto a los proyectos académicos como a las empresas emergentes. Por ello, el reto no consiste en sumar infraestructuras de forma aislada, sino en convertir las capacidades existentes en una cadena de valor coordinada.
Para consolidar este posicionamiento, Cataluña debe avanzar en dos prioridades complementarias: ordenar y conectar mejor las capacidades existentes, favoreciendo su especialización, y garantizar servicios de escalado industrial que permitan dar continuidad a los proyectos más allá de las primeras fases de desarrollo.
Según Alessandra Magnani, responsable de la Plataforma de Terapias Avanzadas e Inmunoterapia del Hospital Sant Joan de Déu, "en Cataluña contamos con capacidades científicas, tecnológicas y productivas de gran valor, que nos sitúan en una posición diferencial en Europa. Conectarlas y coordinarlas estratégicamente nos permitiría generar sinergias, acelerar el desarrollo y el escalado de los proyectos y, sobre todo, acercar las terapias innovadoras a los pacientes que más las necesitan, incluidos aquellos con enfermedades minoritarias que no disponen de otras opciones terapéuticas".
Coordinar, especializar y compartir
La primera prioridad es evolucionar desde un conjunto de activos de gran valor, pero todavía fragmentados, hacia una red funcional. Esto implica conocer con precisión las capacidades y especializaciones de cada centro, establecer mecanismos de coordinación y derivación, armonizar procedimientos cuando aporte valor y compartir conocimiento, infraestructuras y experiencia.
En este contexto nace NEXCAT, un consorcio integrado inicialmente por el Banco de Sangre y Tejidos, CREATIO-UB, el Hospital Clínic de Barcelona-IDIBAPS, el Instituto de Investigación Sant Pau, la Fundación Sant Joan de Déu, el VHIR, el VHIO y Biocat, todos ellos miembros de ATMP Catalonia.
NEXCAT nace con la voluntad de ordenar, conectar y complementar las capacidades existentes en Cataluña en investigación, desarrollo, fabricación y traslación de terapias avanzadas, identificando especializaciones y carencias y facilitando que los proyectos puedan acceder a las capacidades que necesitan a lo largo de su desarrollo. Al mismo tiempo, esta articulación debe permitir presentar Cataluña en Europa no como una suma de instituciones independientes, sino como un ecosistema regional coordinado y con masa crítica, con la ambición de posicionarse entre los centros europeos de excelencia en terapias avanzadas.
"La competencia, dentro y fuera de Europa, es absolutamente feroz", comenta Julio Delgado, médico consultor del Servicio de Hematología del Hospital Clínic e investigador del IDIBAPS. "El éxito pasa, necesariamente, por una estrecha colaboración en todo el territorio, aprovechando adecuadamente las fortalezas de las diferentes instituciones públicas y privadas. En este sentido, la creación de nuevos puntos de encuentro, como el consorcio NEXCAT, podría ser muy relevante".
Esta necesidad de trabajar en red no es exclusiva de Cataluña. Europa también está avanzando hacia modelos que integren las distintas capacidades necesarias para desarrollar terapias avanzadas dentro de ecosistemas coordinados. En este sentido, la Comisión Europea, en el marco del programa Horizon Europe, ha impulsado una convocatoria específica para establecer una red europea de centros de excelencia en medicamentos de terapia avanzada, concebidos como ecosistemas capaces de conectar las distintas piezas necesarias para que una terapia avance desde la investigación hasta el paciente.
Garantizar el escalado industrial
La segunda prioridad es cubrir el vacío existente entre la fabricación asociada a las primeras fases clínicas y una producción reproducible y sostenible. Cataluña necesita disponer de una infraestructura de escalado industrial que dé continuidad a los proyectos. Esta plataforma debería tener vocación de servicio público y carecer de ánimo de lucro. Su naturaleza dual sería la piedra angular de su impacto: por un lado, proporcionar las capacidades necesarias para colaborar estrechamente con la industria y las startups, permitiéndoles escalar sus procesos, atraer inversión y garantizar la transición competitiva de sus innovaciones hacia la comercialización global. Por otro lado, y de forma innegociable, permitir la colaboración con proyectos académicos orientados a las enfermedades minoritarias, que a menudo carecen de retorno de la inversión para el sector privado.
Lluís Pareras, fundador y socio director de Invivo Ventures, respalda esta iniciativa: "Desde la perspectiva inversora, una CDMO público-privada podría ser una pieza clave para convertir la excelencia científica y clínica de Cataluña en proyectos industrializables y susceptibles de atraer inversión. Permitiría incorporar desde el inicio el desarrollo de procesos, la analítica, la calidad y el escalado GMP, reduciendo los plazos, las necesidades de capital y el riesgo asociado a la transferencia tecnológica. Una infraestructura gestionada con criterios industriales aportaría una gran solidez a nuestro ecosistema, con una gobernanza profesional y conexión con el capital privado y la demanda internacional. En terapias avanzadas, el CMC no es una etapa posterior: es una parte central del producto y de su valor".
El análisis del panorama internacional nos ofrece aprendizajes inestimables. Actualmente, el modelo de referencia que más se asemeja a la ambición catalana es el de centros como el CCRM y su plataforma de fabricación OmniaBio, en Canadá, o el Cell and Gene Therapy Catapult (CGT Catapult), en el Reino Unido. En el ámbito europeo, iniciativas como RegMed XB, en los Países Bajos, también apuntan hacia la necesidad de articular estructuras compartidas.
Aquí es donde el ecosistema catalán puede dar un salto cualitativo definitivo. Más que competir exclusivamente por sumar metros cuadrados o salas blancas, la estrategia del país debe demostrar su capacidad para conectar de manera simbiótica todas las piezas: el desarrollo de procesos, la biofabricación, la regulación, el acceso al sistema sanitario y, de manera inseparable, la generación de talento altamente cualificado.
Una estrategia alineada con los requerimientos de Europa
El refuerzo de las capacidades de Cataluña en terapias avanzadas se enmarca en un cambio más amplio de la agenda europea. Ante un ecosistema todavía fragmentado, Europa está avanzando hacia modelos que permitan conectar mejor las capacidades existentes, reforzar la fabricación y el escalado y facilitar que los proyectos avancen de manera más eficiente desde la investigación hasta el paciente.
Esta orientación queda recogida tanto en la futura Biotech Act como en iniciativas como EXACT-EU, que apuestan por estructurar ecosistemas de alta capacidad como nodos interconectados de una red europea.
El objetivo no es replicar todas las capacidades en cada territorio, sino construir una red europea en la que los ecosistemas más maduros puedan especializarse, complementarse y compartir recursos. Esta es también la oportunidad de Cataluña: convertir su liderazgo científico y clínico en capacidad traslacional e industrial y contribuir, al mismo tiempo, a reforzar la autonomía y la competitividad europeas.





